A lo Bette Davis

Bette DavisSiempre voy tarde a todo, y ese día no era la excepción. Por supuesto, sumado a esto el ascensor tardó y las cosas se prestaban para quedar muy mal ante el resto de mis compañeros. Llegó el elevador ¡al fin! y un señor alto, de cincuenta años de edad aproximadamente, se me queda mirando. Tiene aspecto de locutor, y se ve desde ya que cuando sea concretamente de la tercera edad será de esos señores elegantes que uno ve bajándose de las camioneticas Carmelitas-Petare con pantalón y zapatos de vestir, chaqueta color arena y boina en la cabeza: caraqueños de pura cepa.

Yo me enorgullezco de ese pensamiento, pero pienso también en cómo serán los señores caraqueños dentro de sesenta años tomando en cuenta cómo se viste los muchachos de hoy. Mientras todo eso pasa por mi cabeza, y el ascensor sigue su curso hacia el piso 5, el señor caraqueño cincuentón rompe el silencio y me dice, muy amablemente, que está sorprendido pues yo tengo los ojos iguales a los de Bette Davis. Yo me quedo pasmada escuchando su comentario y recordando quién era ella. Se abre el ascensor. Llegamos. Nos despedimos. Entro a mi clase.

Sabía que Bette Davis fue una actriz de los años 30 y 40, pero jamás había visto una foto de ella. Debo reconocer que cuando la vi en Google, solo pude pensar en que ese había sido el halago más grande que algún caballero de ayer y de hoy podía darme. ¿Los jóvenes y no tan jóvenes de la actualidad pueden “chancear” así de chévere alguna vez?: a las que nos gusta el cine a blanco y negro nos encantaría. Pero bueno, la galantería criolla hasta cierto punto se agradece, sobre todo cuando uno ha viajado y sabe que no será igual en ninguna otra ciudad como en Caracas.

Finalmente, llegó el lunes y ahora soy yo quien se baja en plena Avenida Francisco De Miranda de una camionetica Carmelitas-Petare. Me lanzo como puedo y estoy segura que el desayuno, el café y el almuerzo que llevo en mi lonchera se han mezclado. Prefiero no ver hasta que llegue a la oficina. Avanzo hasta la otra acera, y es cuando entonces paso por una construcción. Me preparo para lo que viene, y acepto el peso de la cultura y de la sociedad:

– “Buenoooooossssssss días mi princesaaaaaaaaaaa, pase adelanteeeeee“.

Bueno, después de todo no es nada ofensivo. Pudo haber sido peor. Continúo mi camino y pienso una y otra vez en aquella tarde, y en ese ascensor, donde me compararon con la Davis. Qué nota ¿no?

 

 

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