#AdoptaUnaAutora. Capítulo 1: Nardo puro, María Calcaño

Adopta una autora. María Calcaño. Letras y Social Media. María Karina De Gouveia
María Calcaño (1906 – 1956)

María Calcaño es, si se quiere, una de las escritoras venezolanas más olvidadas de los últimos dos siglos. Su obra, además de descuidada y hasta cierto punto censurada por la empresa editorial, ha ido apareciendo a lo largo de los año de manera graneada y gracias a la insistencia de poetas cercanos a la escritora oriunda de la ciudad de Maracaibo, y a los curiosos y ávidos investigadores que han hallado en Calcaño una genuina exponente de la literatura femenina venezolana. 

Y no solo la academia ha insertado a María Calcaño dentro de la literatura femenina, también ha significado un antes y después dentro de la literatura erótica criolla, que ha implicado más de un análisis y replanteamiento en su discurso poético.

Sin embargo, lo que sí es cierto, y no tiene discusión, es que hoy más que nunca la obra de esta autora venezolana merece una revisión; y más que eso, merece ser disfrutada por todos aquellos lectores amantes de la poesía, de la metáfora y de la feminidad. 

Porque María Calcaño es eso: feminidad; y más que feminidad: pasión literaria. Un río desbordante de versos añejados en su interior y en las cúpulas de su intelecto que lograron cautivar a muchos escritores [como Antonio Arráiz y José Rafael Pocaterra, quienes difunden parte de su obra] y que no solo admiran su notable belleza, sino que disfrutan de la palabra “calcaneana”, y de esa estética  y sabiduría literaria que nada tenía que envidiar a los machos vernáculos de la poesía venezolana del siglo XX.

Nardo puro, eso era Calcaño, nardo puro y voz ardiente que en una Venezuela de principios de siglo XX decide liberar a su pensamiento de lo conservador y tradicionalista de su entorno, quizás sabiendo que esa voz solo saldría a la luz pública años después. Porque ese es el espíritu que ronda la palabra literaria de María Calcaño: un espíritu paladín de la libertad  más pura e infinita. 

Y paladines seremos nosotros también, los lectores asiduos a esta venezolana que con solo leer a través del verso cautiva y llama a más lectura. Por eso, a continuación, dejo el primer poema para ustedes: Nardo puro, del poemario Alas Fatales (Venezuela – 1935). En el siguiente capítulo, les prometo un poema más que calme esta nueva sed. Mientras tanto, ¡disfruten!

Yo vengo de un lejano
monte desconocido,
con un pecho en la mano
como un nardo dormido.
Como la otra perdida
traigo miel en la lengua
y el vientre partido
como luna en menguante.
Llama de mis cabellos
que alimentan los vientos
libres de cien caminos!
Con el paso inquietante
traigo tintos los ojos de un azul deslumbrante…
y estoy sangrando
como sangran las nubes de diamante.
Pero esta mano llena
de sagrados ungüentos
en sabores me sube
el amor… como a Magdalena!

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